
No descubro el fuego si digo eso de que, para entender el presente, no hay como escarbar un poquito en el pasado y aprender de la perspectiva que solamente puede brindarnos el sencillo y natural paso del tiempo. Y justamente de esto van las líneas de hoy.
Apenas finalizada la Primera Guerra Mundial, el arquitecto berlinés Walter Gropius, condecorado por haber participado en la misma, fundaba la escuela Bauhaus en abril de 1919 en la ciudad alemana de Weimar. Influenciado por su experiencia en el conflicto y su visión del mundo, creía que la nueva sociedad que iba a surgir después de la guerra requeriría de un nuevo tipo de artista, uno que explorara la intersección entre artesanía e industria, difuminando así los horizontes y barreras entonces existentes entre las diferentes disciplinas artísticas. Con la creación de la escuela, en la que participaron como maestr@s y alumn@s arquitect@s, artesan@s, pintor@s, carpinter@s, actores y actrices, escultor@s, tipógraf@s y fotógraf@s, Walter buscaba asentar las bases de la pedagogía para ese nuevo perfil de artista integral.
En 1925, la escuela se tuvo que mudar de la conservadora Weimar a la industrial Dessau, y el diseño del nuevo edificio, así como de las Master Houses donde se alojaban los docentes y sus familias, corrieron a cargo del propio Gropius.
Para tratar de desgranar cómo ha llegado hasta nuestros días el legado de este movimiento nacido hace más de un siglo, os invito a observar en mayor detalle la fotografía que abre la carta de hoy:

Aparentemente, un rincón tirando a austero y sin mayor complejidad, ¿verdad?
El espacio de la fotografía corresponde al salón del matrimonio que conformaban el profesor de origen húngaro László Moholy-Nagy y Lucía Moholy, escritora y fotógrafa checa que, entre 1923 y 1928, se encargó oficialmente de inmortalizar la vida, los espacios y los proyectos de la Bauhaus. La imagen, tal y como rezan los créditos, es de ella.
Además de trabajar en emulsionar industria y artesanía, uno de los principios fundacionales de la Bauhaus era hacer accesible el diseño para la mayor parte de las personas (extracto del último párrafo del manifiesto Bauhaus):
“Deseemos, proyectemos, creemos todos juntos la nueva estructura del futuro, en que todo constituirá un solo conjunto, arquitectura, plástica, pintura y que un día se elevará hacia el cielo de las manos de millones de artífices como símbolo cristalino de una nueva fe.”
Por ello, el producir objetos en masa para abaratar costes y poder llegar a una gran parte de los hogares fue una premisa que se tenía siempre en mente durante el proceso creativo en esta escuela. Como ejemplo, en el salón Moholy puede observarse mobiliario de estructura de acero tubular, obra de Marcel Breuer.
Breuer, formado en la Bauhaus, sirvió también como profesor en el taller de ebanistería. Solía utilizar la bicicleta como medio de transporte, y esto fue lo que debió inspirarle a crear el modelo B3, también conocido como sillón Wassily, el primer sillón de estructura tubular, con asiento, reposabrazos y respaldo de cuero, presente en la Master House de los Moholy, pero también un icono actual del diseño moderno:

Además de la producción industrial como clave para la democratización del buen diseño, Marcel Breuer era consciente de que, en el mundo moderno, las cosas estaban cambiando a un ritmo superior al conocido en décadas anteriores. Por ello, era importante que el diseño de los espacios y el mobiliario fueran flexibles y modulares, de manera que éstos pudieran adaptarse a las necesidades y exigencias en continua evolución de las personas, y no al revés. Otra muestra representativa de esta visión es el pequeño mueble que hay en la parte derecha de la fotografía, que en ese caso hacía la función de taburete para escribir a máquina, pero podía servir también como mesa auxiliar. Ese mueble, que forma parte de la serie B9 o nido, además de estar fabricado también con estructura de acero tubular, tenía la ventaja de ser apilable junto a sus piezas “hermanas” de menor o mayor tamaño, permitiendo así ahorrar espacio cuando fuera necesario:

Durante la misma época, el artista alemán Josef Albers, director artístico del taller de muebles de la escuela entre 1926 y 1927, diseñó un concepto parecido, con variante en madera y valiéndose del colorido que caracterizó la Bauhaus, los primarios rojo, azul y amarillo:

Más adelante, y fuera del contexto de la Bauhaus, aunque ciertamente influenciado por la misma, Alvar Aalto también trabajó el concepto de la apilabilidad, en su caso, aplicado a los taburetes, creando el más que célebre modelo 60, de 3 patas y asiento circular, y que actualmente se sigue fabricando en abedul en la Finlandia natal de Aalto desde 1935:

Pasando al plano de la iluminación, sobre la mesa de comedor puede observarse la lámpara MT8, de William Wagenfeld y Carl Jakob Jucker, diseñadores de origen alemán y suizo respectivamente. También conocida como lámpara Bauhaus, se convirtió en epítome de otro de los principios de la escuela, “la forma sigue a la función”. Construida en acero y metal, su sencilla geometría la convirtió también en un producto fácilmente industrializable y que sigue editándose hoy en día:

Dado que la Bauhaus se desarrolla como uno de los brazos fundamentales del movimiento moderno, otro de los aspectos que cabe destacar es el uso de la luz natural como elemento modulador del espacio. La liberación del muro como elemento estructural, además de posibilitar el diseño de espacios domésticos diáfanos (y que tanto amamos hoy en día), permite abrir grandes ventanales por los que dar paso a la luz natural y desdibujar la barrera interior-exterior, convirtiéndose también la naturaleza, además de la luz, en elemento propio del diseño de interiores.
En el salón de los Moholy se observa cómo entra la luz natural casi hasta rozar la pared, e imaginamos que la ubicación de los dos sofás o camas de día está estratégicamente pensada para observar desde los mismos los árboles del pinar sobre el que se erigieron las Master Houses de Dessau; los dos jarrones con flores frescas (mesa de comedor) y de plantas secas (estantería de la derecha) corroboran la celebración de la naturaleza dentro de los espacios domésticos, algo presente en muchos de nuestros hogares del siglo XXI.
Aunque en un primer momento el salón de la fotografía en blanco y negro no parezca tener nada de especial interés, la realidad es que un análisis más exhaustivo lo revela como un auténtico ejemplo tanto del movimiento moderno como de la filosofía Bauhaus. Diseñar es un todo. Ya nada va por separado; todo tiene su porqué y funciona en conjunto. La luz, la naturaleza y el mobiliario como elementos estructurales del espacio interior, la eliminación de lo superfluo, la relación interior y exterior, la dimensión humana, la resolución de necesidades por encima de la estética por la estética. La funcionalidad. La democratización. Toda una serie de valores que han sobrevivido el siglo de vida y que a día de hoy se nos antojan más necesarios que nunca.
Feliz sábado; quereos mucho.
Gracias por leer.
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