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Arte y ser

La materia del tiempo, Richard Serra (Guggenheim Bilbao). Autor: Desconocido.

Hace un tiempo me topé con un vídeo de 2020 en el que el polifacético Ethan Hawke (es actor, director de cine, escritor y guionista) hablaba sobre creatividad; vista su trayectoria, lo hacía con bastante autoridad, claro. Ethan, cuya carrera empezó a despuntar a los 18 años dándose a conocer en la memorable El club de los poetas muertos (1989), arrancaba así su defensa sobre lo troncal del arte en la experiencia humana:

La mayoría de las personas no dedican mucho tiempo a la poesía; tienen una vida que vivir y no les importan mucho los poemas de Allen Ginsberg o los poemas de nadie, hasta que… Fallece tu padre. Vas a un funeral. Pierdes un hijo. Alguien te rompe el corazón, ya no te quieren y, de pronto, estás desesperado por darle un sentido a la vida y te preguntas: ¿Se ha sentido así alguien alguna vez? ¿Cómo consiguió salir de este nubarrón? O, al contrario, te ocurre algo maravilloso; conoces a alguien y te explota el corazón, le quieres tanto que pierdes el sentido de la realidad, sientes mariposas, y vuelves a preguntarte: ¿Se ha sentido alguien así antes?¿Qué me está pasando? Y es entonces cuando el arte no es un lujo, sino sustento para vivir.

Hay quienes consideran el arte algo propio de excéntricos, esnobs o privilegiados, pero pienso, igual que Ethan, que el arte es algo inherente a la especie humana; una vez cubiertas nuestras necesidades básicas para sobrevivir, necesitamos (valga la redundancia) andar otros caminos. No somos islas; los humanos estamos hechos de conexiones, tanto con los otros como con lo que nos rodea. La naturaleza se manifiesta en nosotros a través de la creatividad y nosotros tenemos la necesidad vital de expresar dicha manifestación a través del arte. 

Para ello, no hay que seguir caminos ya transitados ni tratar de encajar en ningún molde, no tanto por llevar la contraria a nadie, sino porque no estamos hechos para encajar. Cada uno tenemos un algo único que aportar a la amalgama de la humanidad, y tratar de emular a nadie no es buen sendero para conquistar dicha unicidad. Para desarrollarnos, tenemos que expresarnos, y para eso, conocernos. Existen tantos caminos artísticos como personas habitando el planeta; solamente tenemos que darnos permiso para explorar y, sobre todo, no pensar que el artista es solamente aquel que se gana la vida con su arte. Para algunos, su medio de expresión es la pintura, la música o la actuación (algunos de los ámbitos más vinculados a la idea colectiva de “artista”), pero es que están, entre otros, la gastronomía, la moda, el deporte, la arquitectura, la escultura, la fotografía, la escritura, la artesanía, la investigación, la danza, la gestión de equipos, el diseño, la psicología, la jardinería, el emprendizaje, la medicina… Comunión de sensibilidad y destreza, el campo semántico del arte es infinito.

Bailarina. Autor: Desconocido.

La expresión es poderosa y liberadora. Si te acercas a lo que amas, de pronto se te revela quién eres, se te hace presente y es un regalo. Aunque suene paradójico, manifestando tu creatividad a partir de tu unicidad, te das cuenta de que no eres único, que tienes cosas en común con los demás y que estamos muy conectados entre todos nosotros; parafraseando a Ethan Hawke, “que alguien se ha sentido alguna vez como tú te sientes ahora”.

El arte no hay que comprenderlo; hay que sentirlo, conectar con esto que ves, lees, escuchas, tocas, degustas o hueles. Los niños son felices porque, sin ser conscientes de ello, se dan permiso para ser ellos mismos. Hacen un castillo de Lego y simplemente se lo pasan bien haciéndolo; no se ponen a conceptualizar su acción ni a juzgar si lo están haciendo bien o mal o qué camino profesional y vital podrían seguir gracias a su destreza o a la falta de ella. Simplemente se lanzan en cuerpo y alma a eso que están haciendo: jugar, pintar, bailar, correr, saltar. Expresan su individualidad en cada oportunidad que se les presenta. En palabras de Yancey Strickler:

El juego es el medio de los niños para aprender. El arte es el medio de los adultos para jugar.

La expresión nos brinda la oportunidad de iniciar conversaciones, conectar, curarnos. Nos permite salir de callejones imaginarios sin aparente salida. Conócete y exprésate. En una entrevista reciente a la fotógrafa Rosa Copado, a la pregunta ¿quién es la persona más importante en tu vida?, ella respondía que ella misma. Aunque en un primer momento me chocó la respuesta, enseguida me di cuenta de que Rosa tiene mucha razón, y que si todos y cada uno de nosotros nos considerásemos la persona más importante de nuestras vidas, nos querríamos más, nos cuidaríamos más y tendríamos “los deberes de dentro” mejor hechos, lo que revertiría en un mundo mejor en el que los humanos no descargaríamos nuestras miserias, taras e inseguridades sobre nuestros compañeros, parejas, hijos, hermanos, vecinos, padres y otros humanos en general y, por lo tanto, podríamos servir mejor, porque no puedes servir té desde una tetera vacía. Alguien que no se conoce, que no sabe lo que le mueve, que no conoce sus límites, tarde o temprano, se convierte en un problema para sí mismo y quienes le rodean. Así que, sí, Rosa Copado no se equivoca al decir que la persona más importante de su vida es ella misma. Solo cuando te quieres puedes querer, solo cuando estás conectado puedes conectar y  solo cuando te conoces, puedes conocer.

Arte es expresión, darnos permiso para transitar los caminos que elegimos, ser nosotros mismos y alejarnos, al menos durante breves momentos, de la presión por encajar. Esto es profundamente humano y es la razón por la que hemos de mantener la esperanza frente a los agoreros que piensan que las máquinas van a destruirnos como especie. Nos llegan titulares sobre que vivimos tiempos que marcarán un antes y un después. Si tiramos de hemeroteca y tomamos un poco de perspectiva, la humanidad ha vivido desde siempre en ese estado de tensión permanente. Las tecnologías destruyen, pero también son la raíz de creaciones improbables de imaginar. Hace 800 años, las vidrieras de las iglesias eran el medio predominante para transmitir ideas y hacerlas llegar a un gran público, lo mismo que han hecho más tarde el cine, la televisión o ahora el smartphone; cambia el medio, no la necesidad. Los humanos nunca dejaremos de mirar, dado que la mente, la mirada y los sentimientos funcionan ahora igual que hace 5000 años.

Nuestro bienestar y nuestra serenidad están directamente relacionados con nuestra capacidad de conectar, con nosotros mismos, con nuestro entorno, con los otros. Desde estas humildes líneas, te invito a quitarte de la cabeza la idea de que el arte es un campo reservado para unos pocos elegidos que pasan sus días tumbados en un diván de un palacete italiano de techos altos esperando la inspiración y, cuando les da el flus, lo plasman en un lienzo. El arte lo tienes dentro. Date permiso para decirle “hola”, jugar y ver qué pasa.

Autora: Diane Powers, 1966.

Crea y conecta, no lo consideres baladí.

Feliz viernes y, no, todavía no ha hecho falta encender la chimenea. 🙂

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