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Incandescentes

Lantern festival. Fotografía: AJ Rivera.

Mientras paseo sin prisa ni rumbo y mi mayor misión es que nuestro perro no trepe por la pierna de desconocidos, a veces me descubro respondiendo para mis adentros preguntas que haría a otras personas si mi oficio fuera el de entrevistar. Hace poco, a la clásica, pero no por ello menos interesante, “Si tuvieras un súper poder, ¿cuál sería?”, respondí que me pediría el de la claridad mental. Así de primeras parece poca cosa frente a los más tentadores poderes de volar, el teletransporte, imprimir dinero o ser capaz de comunicarte en cualquier idioma, pero qué queréis que os diga, en un mundo tan confuso y tan saturado de todo, ser capaz de discernir en todo momento lo realmente importante de lo que no es pivotal, tener buen juicio y tomar siempre la mejor de las decisiones, sean cuales sean las circunstancias, me parece el más colosal de los poderes.

La claridad está relacionada etimológicamente con el término latino clarum, es decir, la cualidad de lo luminoso, de lo que tiene mucha luz.

En cualquier trabajo de interiorismo, el proyecto de iluminación es uno de los más definitorios en la creación de la atmósfera que tendrá un espacio. La luz, tanto la natural como la artificial, es un elemento constructivo tan real como el tabique, la abertura, el color o el mobiliario. Tanto iluminar en exceso como quedarse corto pueden echar a perder un buen interiorismo, por lo que dar con la tecla es todo un arte que requiere tanto de técnica como de sensibilidad. Armazón y poesía, el estudio de la iluminación es fascinante y sus clasificaciones pueden transitar caminos de todo tipo:

  • Según plano de colocación: Techo, sobremesa, pie, pared, suelo.
  • Según estilo y forma: Directa, indirecta, difusa, concentrada.
  • Según función: General, focal, ambiental, decorativa.
  • Según fuente lumínica: Empotrada, en tira, en raíl, etc.

Por si esto fuera poco, nos podemos venir arriba filosofando sobre la temperatura de la luz (expresada en kelvins) o su intensidad, apareciendo conceptos con nombre de teletubbie, como lumen (flujo luminoso emitido) o lux (nivel de iluminación que recibo, o sea, lumens/m2).

Pero RefugioNorte es un espacio para que se deslicen con ligereza el disfrute y la curiosidad, así que vamos a aparcar la teoría y a centrarnos en una curación de joyas incandescentes con historias que merecen ser contadas.

Aunque la lámpara como objeto se inventó hace decenas de miles de años (no sé cómo podemos saber esto sin pensar que es un triplazo, pero dicen que una concha empapada con grasa animal se prendió y que ahí está el origen de esta historia), la lámpara incandescente tal y como la conocemos nació a finales del siglo XIX gracias a personas muy listas y perseverantes como el físico y químico inglés Sir Joseph Swann y el más popular inventor y emprendedor americano, Thomas Edison. Con la industrialización de su solución, se abría un nuevo campo: el diseño de lámparas.

  1. Esculturas lumínicas Akari (1951), de Isamu Noguchi

Nacido en Los Ángeles a comienzos del siglo XX, hijo de una escritora de raíces escocesas y un poeta japonés, la sensibilidad corría por las venas de Isamu Noguchi desde antes de llegar al mundo. Aunque empezó estudiando una carrera “con futuro” (medicina), la llamada del arte fue tan poderosa que terminó realizando estudios de escultura y debutando como asistente en el estudio parisino de Brancusi.

Su mirada escultórica era expansiva y no se limitó a la escultura como tal, es decir, Noguchi percibía el mundo en clave de formas y materiales y su obra abarca jardines, interiores, mobiliario, espacios públicos, escenografías y, sí, lámparas.

Akari 1A de sobremesa, de Isamu Noguchi. Fotografía: Vitra.

A comienzos de los 50 realizó un viaje a Gifu, una ciudad japonesa conocida por sus farolillos y sombrillas de papel; tras presenciar un festival de pesca nocturna de cormoranes iluminado por estos farolillos en el río Nagara, Noguchi observó que éstos eran elementos decorativos, pero que no se contemplaban en el día a día para un rol funcional. En aquel momento, la industria local estaba de capa caída debido a que había fabricantes de farolillos de peor calidad pero a un coste más económico, y el alcalde de Gifu le encomendó a Noguchi la tarea de revitalizar, a través de su arte, la industria local de fabricación de farolillos. Movido por el deseo de que su obra tuviera una función tanto social como práctica, durante ese viaje empezó a experimentar y a dar forma a lo que se acabaría convirtiendo en la familia de lámparas Akari, una colección de más de 100 modelos de lámparas de papel washi, tanto de pie como de mesa y techo, de todo tipo de tamaños. Honrando a sus raíces japonesas, Akari significa tanto “luz” como “liviano”, y su función la recogía Noguchi de forma muy poética:

La crudeza de la luz eléctrica se transforma, gracias a la magia del papel, en la luz de nuestros orígenes —el sol— para que su calidez siga llenando nuestras estancias por la noche.

70 años más tarde, las Akari siguen transmitiendo optimismo, ligereza, belleza y serenidad. Editadas por Vitra, se construyen a mano en el taller Ozeki de origen familiar en la misma Gifu, empleando cañas de bambú para dar forma a la estructura y el papel washi para el acabado y, según el modelo, también pintura para añadir sobrios toques de color.

Familia Akari, Isamu Noguchi y taller Ozeki. Fotografías: Vitra.
  1. Lámpara AJ (1957), de Arne Jacobsen

El arquitecto danés Arne Jacobsen había superado la cincuentena cuando la aerolínea Scandinavian Airlines System (SAS) le solicitó el diseño íntegro del SAS Royal Hotel, sito en el centro de Copenhague y considerado, además del primer rascacielos de la capital danesa, el primer hotel “de diseño” del mundo, convertido en hito y referente en la historia del diseño escandinavo. En este proyecto Jacobsen pudo lucirse porque, además de proyectar el espacio arquitectónico, pudo poner a prueba todos sus talentos como diseñador, ejecutando muebles, textiles, jardines, señalética, vajillas y, claro, las lámparas.

Familia completa de lámparas AJ. Fotografía: Louis Poulsen.

Aunque mostrada al público por primera vez en la feria Interbau de Berlín de 1957, la lámpara AJ, diseñada tanto en su versión de mesa, como de pie y en aplique, fue una de las piezas del rico sistema de diseño que ideó para el hotel, una lámpara escultórica de líneas rectas y ángulos oblicuos que combinaba mágicamente con los diseños curvos y elegantes de sus sillones Swan y Egg, y las líneas paralelas de la serie de sofás 3300. Muestra del progreso conceptual de Jacobsen y de su obsesión por lograr diseños lo más pulidos y lógicos posible, previo a la AJ, en 1942 concibió una lámpara para el ayuntamiento de Søllerød en la que se pueden intuir los trazos de lo que se acabaría convirtiendo en la AJ, una lámpara que realza espacios allá donde va.

Lámpara AJ de sobremesa junto a la lámpara para el ayuntamiento de Søllerød. Fotografía: Stjernegaard Fotografi.

Tras su popularización en el SAS Royal Hotel, también se incluyó la pieza en el St. Catherine’s College de Oxford (1964), así como en la biblioteca Rødovre (1969). Convertida en icono y copiada hasta en Saturno, la edita ininterrumpidamente en todas sus versiones y colores desde los años 50 Louis Poulsen.

Hilera de apliques AJ en la recepción del SAS Royal Hotel. Fotografía del libro Room 606, de Michael Sheridan.
  1. Snoopy (1967), de Achille y Pier Giacomo Castiglioni

Durante las tres décadas que sucedieron al final de la Segunda Guerra Mundial, Italia se convirtió en potencia manufacturera internacional de productos para el hogar caracterizados tanto por su belleza como por su funcionalidad. Exponentes de este milagro económico, los hermanos milaneses Achille y Pier Giacomo Castiglioni aprovecharon su formación arquitectónica para erigirse en protagonistas del diseño industrial italiano de mediados del siglo XX. Aunque su aportación en el campo del diseño de mobiliario y luminarias es fértil (suyos son, entre otros, los diseños de las lámparas Arco, Toio o Parentesi, el taburete Mezzadro o la silla Babela), nuestra protagonista de hoy es la lámpara Snoopy, presentada en 1967.

Lámpara Snoopy. Fotografía: Fondazione Achille Castiglioni.

En esa época, la serie de dibujos animados Peanuts, de Charles M. Schulz, dio a conocer a Snoopy, el beagle más famoso del mundo. Inspirándose en este personaje, los hermanos Castiglioni fueron capaces de crear una simpática lámpara de mesa que mezclaba humor e ironía con un diseño refinado y materiales nobles: una base oblicua de mármol de Carrara inclinada hacia atrás (y que incorpora el interruptor) para ganar estabilidad, un disco de cristal transparente que permite el paso de la luz y una tapa de aluminio esmaltado con tres orificios (como las bolas de bolos) en la parte superior para la refrigeración. Su arte y experiencia les permitió dar en la diana a la hora de concebir una lámpara elegante, con la que apetece jugar e interactuar y que propicia una actitud despreocupada, sin caer en el absurdo ni la caricatura.

Lámpara Snoopy, de los hermanos Castiglioni, con tapa azul. Fotografía: Desconocido.
Bocetos del proyecto Snoopy. Fotografía: Flos.

Como no podía ser de otra manera, la edita desde siempre la italiana Flos.

  1. FollowMe (2014), de Inma Bermúdez

Ideada para espacios y momentos en los que no fuera necesario contar con una toma eléctrica, en 2014 hizo aparición y revolucionó el mercado la lámpara portátil FollowMe (sígueme), diseñada por la laureada diseñadora valenciana Inma Bermúdez para la editora española Marset.

FollowMe, de Inma Bermúdez para Marset. Fotografía: Marset.

Aunque ahora cualquier marca de “diseño democrático” edite lámparas portátiles y nos hayamos acostumbrado a ellas, FollowMe fue pionera en la iluminación con batería de iones de litio recargable y, por ello, recibió en 2016 el Red Dot Design Award, que premia anualmente el buen diseño con foco en la innovación.

Inspirada en el modelo Flass de Marset de los años 70, con una estructura metálica que sujetaba la pantalla, FollowMe emite una luz cálida y difusa en tres niveles de intensidad, su pantalla de policarbonato blanco bascula para poder dirigir la luz allí donde haga falta y su asa de roble invita a llevarla contigo a leer en un nuevo rincón o a iluminar una mesa al aire libre en las noches de calor.

Inma Bermúdez sujetando la FollowMe. Fotografía: Marset.
  1. IC lights (2014), de Michael Anastassiades

La mirada del diseñador industrial londinense de origen chipriota Michael Anastassiades se caracteriza por la fascinación por las formas esféricas:

Mi obsesión por la esfera como forma viene de verla como la forma primigenia por excelencia. Hay muchas cosas redondas a nuestro alrededor: los planetas, el sol… y esa familiaridad me resulta muy cómoda.

Fruto de esta fijación e inspirado en el estudio sobre el equilibrio del malabarista Tony Duncan, en 2014 Flos empezó a comercializar la familia de lámparas IC lights de Anastassiades, una colección lírica protagonizada por bolas opalescentes de luz fabricadas en vidrio soplado que cuelgan de o se posan sobre delicados brazos de latón que adquieren una cualidad magnética, como una gimnasta que domina con maestría su ejercicio de pelota.

IC lights de techo y sobremesa. Fotografía: Flos.

Disponible en versiones de pie, techo, mesa y aplique, el acrónimo «IC», alude al Código de Identificación utilizado por la policía británica para clasificar la etnia de un inmigrante cuando es parado y registrado, una declaración que invita a la reflexión.

IC lights de exterior. Fotografía: Flos.

Como todo éxito de ventas, las IC han intentado torpemente ser replicadas por muchos, haciendo evidente la rara habilidad de Anastassiades para encontrar el equilibrio entre proporción, escala, materialidad y detalle; irónicamente, un año después de lanzar las IC, estrenó un nuevo diseño para Flos llamado Copycat (imitador). Este año, con motivo del 10º aniversario de su lanzamiento, Anastassiades y Flos han convocado a diez ilustradores, fotógrafos y poetas a aportar su mirada para reflejar la popularidad y versatilidad de este joven clásico.

Poema de Aurielle Marie para IC 10 Artists for 10 Years.
IC lights de pie. Fotografía: Daniel Riera.

Habrá quien considere, no exento de razón, que dedicar tiempo a divagar sobre objetos es frívolo; sin embargo, los objetos que nos acompañan día a día en casa, en la oficina, en el coche, mientras caminamos, no aparecen por arte de magia. Otra persona que no conocemos ni seguramente lleguemos a conocer en algún momento de la historia los imaginó, los analizó, hizo cábalas para decidir cómo se fabricarían, discutiría con otras personas desconocidas sobre cómo llamarlos y también cómo darlos a conocer y ponerlos a nuestro alcance. Pienso que todo ello tiene un valor y que por eso es importante elegir muy bien, con cabeza y corazón, cuáles serán esas pocas piezas que nos acompañarán en nuestra vida.

Ahora que vivimos los días más oscuros del año, termino trayendo al frente un extracto del manifiesto de Flos:

La luz es la sustancia para expresar nuevas ideas e iluminar emociones inexploradas.

¡Que viva la luz buena y bonita!

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