
¿Os acordáis de aquellos días en los que había que pensar muy, muy bien cómo acotar lo que queríamos decir a otra persona para que todo cupiera en un sólo SMS y no tener que pagar por varios, a no ser que al otro lado hubiera alguien muy, muy especial? Teníamos 16 años menos, otras preocupaciones y la palabra smartphone aún sonaba marciana.
Terminaba el verano de 2009 y un amigo y yo estábamos en la playa de la Concha hablando de la maravilla que era aquello que acababa de salir que permitía enviar todos los SMS que uno quisiera sin tener que pagar por ello. WhatsApp vislumbraba su amanecer y corrían tiempos, tan cercanos y tan lejanos a la vez, en los que todo desarrollo tecnológico se abrazaba con entusiasmo.
Movemos el botón de la máquina del tiempo hasta hoy, inmersos como estamos en el culebrón de la inminente desaparición de TikTok en Estados Unidos a expensas de que un friki oriundo de Sudáfrica y acólito del nuevo presidente salve al gigante chino y sus 170 millones de usuarios en EEUU, y entra fresquito como un cubo de agua helada en enero traer al frente esto que dice Rubén Amón en su último libro:
Escribimos y leemos más que en ninguna otra etapa (…). Y no porque se hayan desbordado las pasiones literarias ni se haya desenfrenado la relación epistolar, sino porque los mensajes de Whatsapp se han convertido en la forma más convencional de comunicarse sin necesidad de hablar por teléfono ni comprometerse al rigor de la escritura.
Se escribe y lee más que nunca. También estamos más aislados que nunca. Si ahondamos en nuestros hábitos actuales de comunicación e incomunicación, habitamos una época en la que los veinteañeros tienen pavor a hablar por teléfono, en la que evitamos a toda costa los enfrentamientos cara a cara pero no tenemos problema en cometer fechorías y verter sapos en internet bajo el amparo del anonimato (un saludo desde aquí a la mosquita muerta de la universidad que se dedicó a flirtear en perfiles falsos de redes sociales con fotos mías) y en la que miles de empleados se enfurecen ante el fin del teletrabajo y la vuelta a la oficina.
¿Por qué evitamos el contacto humano? ¿Por qué se ha perdido el hábito de la buena conversación? ¿Por qué no se percibe como un valor el ir de cara? ¿Por qué pensamos que debatir es eso que hacen algunos gritando sandeces a los cuatro vientos? ¿Cuándo olvidamos que ser respetuosos no está reñido con estar en desacuerdo y que la gracia está en explorar territorios comunes? A este paso, no es muy loco pensar que se acerca el día en que charlaremos más con robots que entre humanos; siempre he sido más de evitar el conflicto que de defender una revuelta, pero creo que un robot nunca te llevará la contraria, así que empiezo a pensar que un poquito de combate sin violencia quizá sea hasta bueno para la cordura.
En 1989, el sociólogo estadounidense Ray Oldenburg publicaba The great good place, una obra en la que hablaba por primera vez sobre el concepto del “tercer espacio”. En esta teoría, el primer espacio sería el hogar y el segundo, el lugar en el que trabajamos. Oldenburg define los terceros espacios como aquellos lugares que, fuera del trabajo y de nuestras casas, actúan como imanes de la vida pública cotidiana, ofreciendo encuentros sociales, conexiones reales y, en definitiva, la oportunidad de formar parte de una comunidad. Hablando en plata, un tercer espacio podría ser una cafetería, un parque, una biblioteca, un gimnasio (hola, Moov) o un club de pádel, moteros, ganchillo o canicas.
Me inquieta bastante leer que en 2050 nos relacionaremos más con androides que con otras personas, y como mi fe en el poder que tienen los espacios para modular nuestro comportamiento no tiene fisuras, hoy curamos una selección de lugares que invitan a recuperar el arte de conversar y relacionarnos en persona:
1 / CENTRO DE APOYO: Centro Kālida Sant Pau. Barcelona, España (2019)
En los años 90, la escritora, jardinera y diseñadora escocesa Maggie Keswick, después de vivir en sus propias carnes la deshumanización de una vida con cáncer, fundó junto a su marido los Maggie ́s Centre. Se trata de espacios, diseñados por arquitectos y diseñadores de renombre, construidos junto a hospitales y en los que los pacientes con cáncer y sus familias y amigos pueden, de manera totalmente gratuita, disfrutar de un entorno que genera apoyo emocional, social y práctico. Los pacientes siguen con sus tratamientos convencionales en el hospital, pero estos espacios les aportan a ellos y a todo su entorno una red que la medicina occidental no ofrece. En 2019, llegó a España el primer Maggie ́s Centre en Barcelona, junto al hospital Sant Pau (Patrimonio UNESCO de la Humanidad, proyectado por Lluís Domènech i Montaner), convirtiéndose en el primer centro construido en tierras europeas continentales. El proyecto, llamado Kálida Barcelona, corrió a cargo de Benedetta Tagliabue, con interiorismo de Patricia Urquiola, y cuenta con un espacio de más de 400 m2 que se organiza en dos niveles, rodeado de una zona ajardinada de 650 m2. Como dicen en su web, se trata de arquitectura hecha para cuidar:








2 / PARQUE PÚBLICO: Parque Tianlin. Shanghai, China (2023)
Abierto al público originariamente en 1999 en un barrio ubicado a las afueras de Shanghai, durante sus primeros años Tianlin Park era un pulmón verde en mitad de una fauna de torres. ¿El problema? Que estaba vallado, por lo que se trataba de un lugar aislado de su entorno y que no tenía conexión alguna con los más de 20.000 residentes que vivían alrededor.
Desde 2023, y fruto de la labor del estudio chino de arquitectura y paisajismo VIASCAPE, Tianlin se ha convertido en un auténtico parque comunitario contemporáneo, abierto las 24 horas del día, concebido para residentes de todas las edades, con fuerte arraigo en la cultura local y que proporciona una experiencia verde a una comunidad que habita una arquitectura de alta densidad. La intervención incluye, además de la integración del bosque, una galería con terrazas, césped, un mirador, una zona recreativa, un centro de jardinería, un espacio para servicios, una pista de running, espacios de fitness y varias zonas de juegos infantiles. En definitiva, VIASCAPE ha logrado crear un sistema paisajístico que responde perfectamente al posicionamiento de parque comunitario y satisface las necesidades de un perfil heterogéneo al incorporar zonas de actividad multifuncionales. Arquitectura de hoy para el pueblo:



















3 / CENTRO CÍVICO: Centro Komera. Kayonza, Ruanda (2022)
En un país en el que las oportunidades no abundan y menos si eres mujer, el Centro de Liderazgo Komera, desarrollado por el estudio de arquitectura BE_Design y situado en una provincia rural oriental de Ruanda, ofrece programas de salud, educación y mentoría para mujeres jóvenes, así como un lugar para iniciativas de desarrollo familiar y reuniones comunitarias. Situado estratégicamente en la carretera principal, frente al campo de fútbol del pueblo, se trata de un centro comunitario y educativo vital para los locales.
Para su construcción, tanto la mano de obra como la mayor parte de los materiales empleados fueron de origen local, con un 40% de mujeres en el equipo de trabajo. Asimismo, las formas del tejado, las pantallas tejidas de eucalipto y los patrones de los ladrillos se inspiran en el arte tradicional “imigongo” originario de la región, y se asocian con la palabra ruandesa “Komera”, que significa “mantenerse fuerte y tener coraje”. En cuanto al interior, se trata un espacio flexible que funciona tanto como sala de reuniones como de conjuntos de aulas para dar cabida a una amplia variedad de actividades. Arquitectura de la esperanza:












4 / HUERTO COMUNITARIO: Grow. Calgary, Canadá (2024)
Que cada día vivimos más centrados en la intimidad de nuestro hogar es una realidad tan verdadera como que el único interés que tienen hoy en día los promotores de obra nueva es la especulación; esto ocurre en Madrid, en Zamora, en San Sebastián, y también en Calgary, Canadá, la ciudad protagonista de nuestro cuarto proyecto. Aunque lo habitual en la ciudad sea la construcción de promociones premium en la periferia, el proyecto GROW, desarrollado por el estudio canadiense MODA, es ejemplo de que puede irse un poquito más allá sin renunciar por ello al justificado y necesario retorno monetario. Se trata de una promoción de 20 viviendas de diferentes tamaños que tiene como objetivo reunir en el mismo vecindario a diferentes grupos demográficos de diversas generaciones y que incorpora, además, un huerto urbano tanto en la cubierta como en los alrededores. De esta manera, GROW se presenta como una reinterpretación de la «privatización» del edificio residencial, en la que las únicas oportunidades de interacción social con “los otros” suelen darse en el portal o en el garaje. De esta manera, los vecinos y sus amigos y familiares pueden participar en todas las fases de la agricultura, incluida la siembra, el mantenimiento y cuidado diario, la cosecha y la interacción con otros barrios gracias a la preparación y venta de cestas obtenidas en la cosecha.
Una buena receta de la llamada “ingeniería social” necesaria para construir comunidades fuertes con las que hacer frente al creciente aislamiento social y que podría exportarse a otros lugares en los que se quisiera conjugar capital social con capital inmobiliario:





















5 / BIBLIOTECA PÚBLICA: Centro Plumstead. Londres, Reino Unido (2020)
En 2020, el estudio de arquitectura británico Hawkins\Brown, especializado en arquitectura social o humanista, presentó el nuevo Centro Plumstead; antaño una biblioteca pública en la que tan solo un 30% del edificio estaba abierto al público, ahora se ha convertido en un verdadero centro cívico abierto a todo el mundo, ubicado en el barrio de Greenwich, al este de Londres, y que incluye sendas bibliotecas para niños y adultos, una cafetería, un espacio coworking, un gimnasio, una pista de bádminton y dos grandes estudios para artes escénicas, yoga o exposiciones, redefiniendo así el enfoque clásico de la biblioteca pública.
Muchas de las características originales de la biblioteca han salido a la luz durante la fase de derribos, como las claraboyas con bóveda de cañón de la última planta, ocultas durante más de 70 años y ahora abiertas y portadoras de luz natural. También se ha restaurado el parquet original de todo el edificio, así como los mosaicos de la escalera principal. La arquitectura de no conformarse con lo que ya no sirve si es que se puede hacer mejor:












Hablemos (y escuchemos), porque es la manera de conocerse y de entenderse.
Hablemos (y escuchemos), porque detrás del prejuicio, hay otra persona con su propio punto de vista del que poder enriquecerse.
Hablemos (y escuchemos), porque una buena conversación calienta más el corazón y despeja más la mente que cualquier fármaco.
Hablemos (y escuchemos), porque nos hace más humanos.
Cerramos la primera entrega de RefugioNorte de este año con un extracto del brillante “La conversación infinita” (corred a por él si aún no lo habéis hecho), de Borja Hermoso:
En un tiempo en el que hablar, argumentar y escuchar empiezan a parecer actos prescindibles arrinconados por el ruido atronador expansivo virtual, es hora de defender y reeditar una conversación infinita más que nunca necesaria.
Por un 2025 en el que hablemos entre nosotros un poquito más, un poquito mejor.
Feliz domingo.
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