By

Efímero

Yurtas. O arquitectura de lo efímero. Kirguistán, verano 2025.

En julio me despedía del Refugio por un tiempo para disfrutar del verano bien lejos de las pantallas. Y de repente, nos encontramos a las puertas de un nuevo año.

Esta semana me llegaba una lista de 26 reglas del estoicismo, de esas que hacen que a algunos se nos levante una ceja y se nos active como acto reflejo la alerta de turra coach. La intención de la lista era ayudarnos a encarar un mejor 2026, y uno de los consejos que incluía era una referencia a memento mori, a vivir teniendo presente que un día no estaremos aquí. Esto es algo que antes de que los estoicos aparecieran hasta en la sopa, una procuraba humildemente poner en práctica, porque nada en esta vida me daría más pena que perder algo y no haber sido consciente de lo afortunada que fui por tenerlo.

Y esto me lleva a una estepa en Asia Central en agosto, en el día dos de un viaje de varias semanas por un país alpino poblado por nómadas, yurtas y caballos. Tantos caballos hay en estos lares, y tan bonitos, que a los guiris que llegamos nos parece una fantástica idea hacer rutas a caballo para sentirnos intrépidos aventureros. Tras tres horas de plácido paseo contemplando valles, ríos y paisajes de cuento, y cuando apenas quedaba un kilómetro para llegar a nuestro campamento en medio de la nada, a mi querido corcel no se le ocurrió cosa mejor que ponerse al galope cuesta abajo en plena montaña, tras lo cual, ante mi evidente falta de destreza como audaz amazona, salí volando, me fui de cabeza contra el suelo y perdí el conocimiento por primera vez en mi vida. Lo siguiente que recuerdo es estar bastante desorientada y preguntar en varias ocasiones (esto no lo recuerdo, me lo contó mi santo chico que durante unos minutos pensó que yo volvía en caja de pino a San Sebastián), con cadencias de 60-90 segundos, 1 / Que qué había pasado y 2 / Si la cámara estaba bien (no es que yo fuera frívola. La cámara era nueva).

Por si alguien que me conoce y no conoce esta anécdota está nervioso, spoiler: gracias a la suerte y a mi ángel de la guarda, todo quedó en un susto, varios días con la cara como una calabaza y unas costras tirando a poco favorecedoras que se curaron rápido por obra y gracia del Cicalfate que metí en el botiquín en el último minuto (haceos el favor de incluir esta pócima en la trinidad llaves-cartera-móvil).

Aquella tarde de nuestro día dos en Kirguistán, intentando obviar el dolorcillo de costillas tumbada en una cama de 70 cm junto a una chimenea en la que prendía estiércol seco (otro spoiler; da un calor muy agradable a 4000 metros de altura y no huele a lo que te imaginas), que era lo más cercano a la idea de hogar que teníamos en ese momento, y todavía con un tremendo susto en el cuerpo por haber visto el game over bien cerquita, me dije a mi misma que si el 25 de agosto, primer día de trabajo tras las vacaciones, estaba cruzando la puerta de la oficina, lo iba a hacer muy feliz y muy contenta, porque significaría que estaba bien, que estaba sana y que solo podía dar las gracias por ello.

Así que, desde aquel momento que tanto podría haberse complicado, me he pasado al siguiente nivel del juego y creo que no he dejado un solo día sin recordarme, aunque solo sea unos segunditos, lo fugaz que es todo aquello que damos por sentado, lo fascinante y singular que resulta algo tan sencillo como oler el café moliéndose o dar los buenos días a un compañero a quien ves a diario, sentir agobio por una entrega, ver amanecer, tener un sofá en el que desmayarse al final del día, un refugio en el que tener intimidad, un plato caliente en la mesa, alguien a quien abrazar, un amigo al que llamar, en fin, que no he dejado pasar un día sin tener muy presente lo efímero de nuestra existencia, porque pocas cosas habrá tan sencillas, tan asequibles y tan al alcance de la mayoría para elevar al infinito nuestra calidad de vida.

Feliz final de año y feliz vida.

Gracias por leer,

Diría que no le suenan los estoicos, pero ya sabe que hace falta muy poco para vivir contento. Kirguistán, verano 2025.

Deja un comentario